Desde hace unos años, el ser humano se vale cada vez más de aparatos
eléctricos y electrónicos para sus quehaceres diarios. Este enorme consumo de estos elementos genera una gran cantidad de residuos tóxicos
que dañan gravemente el medio ambiente. La llamada basura o chatarra
electrónica es una de las problemáticas más preocupantes a las que se
enfrenta la ecología actual.
Anualmente, se producen entre 40 y 50 millones de basura electrónica,
un número que alarma por su gran cantidad. Sólo en Europa, generamos unos 14
millones, el 5% de los desperdicios totales urbanos, imaginar lo que pueden llegar a producir los demás países, y la gran cantidad de basura electrónica que hay en el mundo. Hoy en día, es raro que algún ciudadano no tenga por lo menos, un teléfono, un ordenador,
impresoras, escáners… por no hablar de los aparatos utilizados en
empresas. Además, el ciclo de vida útil de éstos es muy corto: unos 3
años para un teléfono.
Una impresora 3D es una máquina capaz de realizar réplicas de diseños en 3D, creando piezas o maquetas volumétricas a partir de un diseño hecho por ordenador, descargado de internet o recogido a partir de un escáner 3D. Surgen con la idea de convertir archivos de 2D en prototipos reales o 3D. La impresión 3D se refiere a los procesos en los que secuencialmente se acumula material en una cama o plataforma por diferentes métodos de fabricación, tales como polimerización, inyección de aporte, inyección de aglutinante, extrusión de material, cama de polvo, laminación de metal, depósito metálico. Existen múltiples modelos comerciales: de sinterización láser , donde un suministrador va depositando finas capas de polvo de diferentes metales (acero, aluminio, titanio...) y un láser a continuación funde cada capa con la anterior. de estereolitografía , donde una resina fotosensible es curada con haces de luz ultravioleta, solidificándola. de compactación , con una masa ...
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